No diseño imágenes. Construyo universos.
Empecé como casi todos: con un lápiz y la convicción de que una imagen puede contar lo que las palabras no alcanzan. Licenciado en Bellas Artes, lo que vino después fueron más de 14 años persiguiendo esa misma idea desde todos los frentes posibles —diseño editorial, ilustración, narrativa gráfica— hasta encontrar mi territorio: el cartel teatral.
Ahí aprendí lo que sigue guiando todo mi trabajo. Piezas como El último amor de Lorca o la campaña En mis zapatos nacen de una regla que no negocio: una imagen tiene que contar algo antes de poder gustar. Lo demás —composición, color, técnica— está al servicio de eso.
Desde 2022 llevo esa misma exigencia a un territorio nuevo: la inteligencia artificial como herramienta de pensamiento creativo. No me interesa la IA que produce más rápido. Me interesa la que permite imaginar lo que antes no se podía ni dibujar. Esa investigación convive hoy con proyectos personales de animación, donde sigo detrás de lo mismo que en mi primer cartel: una historia con alma y una mirada que la haga única.
Esa mirada es la que también llevo al aula, como docente en los Certificados de Profesionalidad de Grupo Colón IECM. No enseño a usar botones. Enseño a pensar como un director creativo en la era del algoritmo.
Trabajo desde Madrid. Mi territorio es el futuro de la creación visual —donde el lápiz convive con el algoritmo y cada herramienta nueva es una oportunidad para ampliar lo que la imaginación humana puede hacer.
¿De dónde sale esta historia?
El día que me ofrecieron hacer este cartel, la idea me vino en el momento — podría decir que me visitaron las musas. No tenía nada más a mano, así que los primeros trazos los dibujé en una servilleta de bar.
Siempre he sido muy dado a dibujar en servilletas: tengo millones de bocetos hechos así, y este no es el único trabajo importante que nació en una. Tengo carteles y logos que empezaron exactamente igual, en alguna servilleta de bar.
Las servilletas de bar han sido mi cuaderno de toda la vida. Hoy voy a todas partes con un iPad; por aquel entonces no existía, así que mi iPad era una servilleta de bar.
El diseñador y el ilustrador de hoy ya no se conforman con usar las herramientas que le dan hechas — cada vez más se las construye él mismo. A esto se le ha empezado a llamar vibe coding: describes en lenguaje normal lo que quieres que haga una herramienta, y la IA te ayuda a programarla, sin que tengas que saber programar de verdad.
Yo lo llevo haciendo ya un tiempo: en vez de buscar la app que me falta, me la hago a medida para mi propio flujo de trabajo.
Aquí os dejo algunas de las mías.
En mis 14 años como docente he publicado libros, montado exposiciones y participado en eventos culturales — pero sin duda la más especial fue esta. En ella reuní a alumnos de varias promociones del certificado de Ilustración de Grupo Colón IECM.
Entre todos reunimos 30 obras, cada una dedicada a una enfermedad poco frecuente, para esta exposición solidaria que se inauguró en La Burbujería. No se quedó en lo artístico: la venta de las obras recaudó fondos para las asociaciones de pacientes, y la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER) estuvo presente en la inauguración, agradeciendo la iniciativa.
Dar visibilidad a quienes viven con una enfermedad rara, a través del trabajo de mis alumnos, es de lo que más orgulloso me siento de toda mi etapa como profesor.
La IA no siempre ha tenido tanta facilidad para hacer las cosas bien. Hace un tiempo, conseguir exactamente la imagen que buscabas era mucho más complicado, y elegir bien con qué herramienta trabajar era clave.
Para esta serie de carteles usé lo que se llama referencia guiada: dibujé yo las imágenes a mano y se las pasé a la IA, para que entendiera mejor qué quería conseguir.
En aquel momento, la adherencia al prompt -es decir, lo bien que la IA hace caso a lo que le pides- variaba mucho de una herramienta a otra. Tras varios intentos, la que mejor se ajustó a lo que buscaba fue Ideogram, así que estos carteles están hechos con ella.
Dato curioso: esta campaña no era un único cartel hecho con IA, sino un concepto que englobaba tres carteles -barreras arquitectónicas, laborales y formativas- pensados para el 3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad.